Arranca la jornada con la preocupación por los pies de Raquel. Ayer llegó con 4 ampollas y la recta final de nuestra aventura se veía comprometida. Yo tenía una dando guerra desde hace unos días también... hoy se obró el milagro: yo amanecía perfecto y ella con la peor de sus ampollas drenada, aunque las demás siguen montando guardia.
Café solitario frente al albergue y a atacar la noche. Cruzamos el Miño por un puente más pequeño que ayer y la primera cuesta en la frente. Adelantamos a un anciano peregrino de mirada limpia que asume que su ritmo no es el de sus mejores épocas y seguimos adentrándonos en los bosques húmedos de la Galicia profunda. Son solitarios. Nos parece un paraíso.
El camino es una senda cómoda que nos permite avanzar a buen ritmo y plantarnos en un lugar mítico para desayunar. Siguiendo los consejos de mi buen amigo Carlos, seguimos la pista de un castro de la edad del hierro, uno de los mejores y más importantes del noroeste ibérico: Castromaior. Lo encontramos, lo evocamos y nos sentamos en la cara interior de su muralla más recia para desayunar un buen bocadillo de jamón. Un privilegio. A nuestro lado pasan fugazmente Alejandro, advertido del castro, y Gracia, una albaceteña sexagenaria muy independiente y un poco roja como nos confiesa luego.
Seguimos el camino entre pinares, bosques de eucaliptos que hinchen los pulmones de Raquel una y otra vez, prados verdes, con terneros curiosos, ovejas ajenas a nuestro paso y multitud de rincones de cuento, con albergues en edificios restaurados con gusto y aldeas ganaderas que me retrotraen a mis orígenes pirenaicos. Todo es bonito, todo va bien.
El día pasa volando y nos plantamos casi sin darnos cuenta en Palas de Rei/Palas del Rey. Aquí tiene sus orígenes otra Raquel, una querida amiga que nos recomienda dónde comer, así que siguiendo sus sabios consejos llenamos pronto el estómago con comida casera y decidimos cambiar nuestra rutina de cena con fruta yendo a una pulpería. Cuando junto estás letras estamos dentro esperando con ganas nuestra ración.
Por el pueblo, al llegar, encontramos juntos con sus cervezas a Efraín, ya recuperado de su barbacoa en Lugo, a Sebas, que volverá a buscar un lugar bajo las estrellas para dormir, a Alejandro que sigue fuerte como un toro, y a Vicente, el hombre elegante que escribe cada tarde y que lleva un paraguas de alta sociedad atado al costado de su mochila como pocos pueden hacer. Ha sido curioso cuando en nuestra segunda y última parada para oxigenar los pies, ha pedido permiso para fotografiar los de Raquel... tenía más esparadrapo que vendas una momia de Egipto.
Antes de la cena la jornada ha concluido con la obligada charla telefónica con nuestras madres. Hoy junto a dos ovejas pastando fresca hierba. En un video más abajo veréis que hay quien no se resiste a sus encantos.
Y después de la cena hemos visto cómo la guardia civil reprendía a un grupito de "peregrinos" por beber en la vía pública, fumar sin la debida distancia y sin mascarilla. Un grupito liderado por un chico que no veíamos desde hace 4 días, para mí el peregrino misterioso, para Raquel el "ocarina", del que hablamos días atrás.
Y al fin mañana último etapón: Palas-Arzúa. 30 kms que atraviesan muchos ríos y torrentes, dicen que por eso hay muchos sube y baja destrozapiernas, y que equivalen a 40 km en llano. Mañana es el otro día marcado en rojo. Mañana debería ser la gran final.
E.








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