Noche cerrada todavía. La pequeña familia que se ha ido forjando se va concentrando en el único bar abierto de la aldea. Ahí está Estrella, la china de Barcelona, Efraín, y Alejandro, nuestra agencia EFE móvil, un hombretón de Ronda con 5 caminos diferentes a la espalda y alguno más que vamos conociendo poco a poco. Almuerzo contundente, buena charla y adelante.
Tímida claridad tras los montes del Este. Cada uno sale por su cuenta, es el camino del Covid y eso se nota, pero ya nos encontraremos... menos a Estrella, que ha salido la primera y va como una moto. Lo cierto es que todos son fuertes. En agosto hay más juventud y los veteranos curtidos en mil batallas de siempre.
Primera encrucijada al salir: hay dos variantes y optamos por la corta que nos lleva por el valle de SanXil, uno de los más bonitos del Camino. Es cierto. La magia de los enormes castaños, senderos rodeados de muros empedrados con musgo, helechos, ecos en las profundidades del canto de aves, aldeas ganaderas dispersas. Rincones idílicos en cada kilómetro. Disfrutamos de cada momento en esta etapa de transición, de recuperación, de intentar mejorar nuestros pies.
En un momento dado nos adelantan los austriacos, no hay bares, no hay cerveza en un buen trecho, así que van con el cohete puesto.
Vamos bastante mejor, así que casi no nos detenemos hasta 5 kms antes de Sarria, con una entrada verde muy agradable, con huerta y vacas gallegas de gran cornamenta.
Y por fin Sarria. Lugar en que confluyen los peregrinos con piernas castigadas y los turigrinos que vienen a hacer el camino en 5 días. Este año es otra cosa. Lo agradecemos, porque es más íntimo y auténtico.
Ahora hemos pasado la previa al sueño conversando con Sebas, un peregrino neófito y hemos intercambiado impresiones como si fuéramos amigos desde siempre. Nos caemos bien pero no puedo concentrarme en la escritura tanto como quisiera. No importa, lo relevante está dicho. Etapa de transición preparatoria para la etapa de Arzúa de 30 km de aquí 3 días. Está marcada en rojo. Santiago espera. Seguimos disfrutando mientras sufrimos. Ya nos cuesta un rato descubrir en qué día vivimos. Nos encanta. Esto es el Camino.
E.











Tímida claridad tras los montes del Este. Cada uno sale por su cuenta, es el camino del Covid y eso se nota, pero ya nos encontraremos... menos a Estrella, que ha salido la primera y va como una moto. Lo cierto es que todos son fuertes. En agosto hay más juventud y los veteranos curtidos en mil batallas de siempre.
Primera encrucijada al salir: hay dos variantes y optamos por la corta que nos lleva por el valle de SanXil, uno de los más bonitos del Camino. Es cierto. La magia de los enormes castaños, senderos rodeados de muros empedrados con musgo, helechos, ecos en las profundidades del canto de aves, aldeas ganaderas dispersas. Rincones idílicos en cada kilómetro. Disfrutamos de cada momento en esta etapa de transición, de recuperación, de intentar mejorar nuestros pies.
En un momento dado nos adelantan los austriacos, no hay bares, no hay cerveza en un buen trecho, así que van con el cohete puesto.
Vamos bastante mejor, así que casi no nos detenemos hasta 5 kms antes de Sarria, con una entrada verde muy agradable, con huerta y vacas gallegas de gran cornamenta.
Y por fin Sarria. Lugar en que confluyen los peregrinos con piernas castigadas y los turigrinos que vienen a hacer el camino en 5 días. Este año es otra cosa. Lo agradecemos, porque es más íntimo y auténtico.
Ahora hemos pasado la previa al sueño conversando con Sebas, un peregrino neófito y hemos intercambiado impresiones como si fuéramos amigos desde siempre. Nos caemos bien pero no puedo concentrarme en la escritura tanto como quisiera. No importa, lo relevante está dicho. Etapa de transición preparatoria para la etapa de Arzúa de 30 km de aquí 3 días. Está marcada en rojo. Santiago espera. Seguimos disfrutando mientras sufrimos. Ya nos cuesta un rato descubrir en qué día vivimos. Nos encanta. Esto es el Camino.
E.











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