Los 30.
Hace más de dos milenios se escribió la historia de los 300. Los 300 espartanos. Dos milenios y algunos siglos después voy a escribir sobre los 30. Los 30 coreanos.
Vayamos por partes.
La etapa de hoy nos ha llevado hasta Carrión de los Condes: ciudad de blasones y religiosos torreones. Antes de disfrutar de sus intrincadas calles y sus rincones de historia ha tocado caminar de lo lindo. 20 kms no parece demasiado para ser el Camino, pero con el viento gélido de lluvia en la cara y andando a marchas forzadas ha sido exigente. Os preguntaréis ¿Por? Os responderé que porque en Carrión sólo se puede reservar en un albergue y siguiendo el consejo de Montse, nuestra experimentada compañera del año pasado, quedaba descartado. Nos dejaba sólo 2 alternativas. Así que tonto el último.
Hemos salido puntuales, justo después de un pequeño chaparrón y no hemos hecho otra cosa que ver coreanos. Te paras un segundo a hacer una foto, fiuuuu coreano que pasa. Un pipi, fiuuuu coreano que pasa. Un bocata rapidito... fiuuuu coreano al canto. Que aceleras coreano que adelantas. Bueno, eso durante toda la mañana genera cierto estrés, así que se ha tratado de una etapa contrarreloj por equipos del Tour, de esas que tanto le gustan a mi cuñado cuando todos hacemos la siesta. Eran los coreanos o nosotros. Al final hemos llegado antes que el grueso de las tropas enemigas... Por un estrecho margen realmente. De hecho aún no estábamos inscritos que teníamos detrás nuestro sombreros de paja y conversaciones aceleradas de otro continente. Mientras reunían efectivos los hemos adelantado, pero de todos modos, hemos tenido sitio los 32. Los 30 que nos ha dicho una monja que eran y nosotros... Y no hacemos otra cosa que ver coreanos en este albergue enorme que antaño era un internado. Las monjas encantadoras por cierto.
Mañana... Mañana etapa reina de más de 27 kms. Saldremos con todo. Previsión de nevadas toda la mañana, así que guantes, polainas, térmica, dos capas de abrigo y chubasquero encapuchado que como cortavientos va de lujo. Y cómo no, un par de persignaciones para estar de buenas con los de arriba. Seguimos adelante.
E.
Hace más de dos milenios se escribió la historia de los 300. Los 300 espartanos. Dos milenios y algunos siglos después voy a escribir sobre los 30. Los 30 coreanos.
Vayamos por partes.
La etapa de hoy nos ha llevado hasta Carrión de los Condes: ciudad de blasones y religiosos torreones. Antes de disfrutar de sus intrincadas calles y sus rincones de historia ha tocado caminar de lo lindo. 20 kms no parece demasiado para ser el Camino, pero con el viento gélido de lluvia en la cara y andando a marchas forzadas ha sido exigente. Os preguntaréis ¿Por? Os responderé que porque en Carrión sólo se puede reservar en un albergue y siguiendo el consejo de Montse, nuestra experimentada compañera del año pasado, quedaba descartado. Nos dejaba sólo 2 alternativas. Así que tonto el último.
Hemos salido puntuales, justo después de un pequeño chaparrón y no hemos hecho otra cosa que ver coreanos. Te paras un segundo a hacer una foto, fiuuuu coreano que pasa. Un pipi, fiuuuu coreano que pasa. Un bocata rapidito... fiuuuu coreano al canto. Que aceleras coreano que adelantas. Bueno, eso durante toda la mañana genera cierto estrés, así que se ha tratado de una etapa contrarreloj por equipos del Tour, de esas que tanto le gustan a mi cuñado cuando todos hacemos la siesta. Eran los coreanos o nosotros. Al final hemos llegado antes que el grueso de las tropas enemigas... Por un estrecho margen realmente. De hecho aún no estábamos inscritos que teníamos detrás nuestro sombreros de paja y conversaciones aceleradas de otro continente. Mientras reunían efectivos los hemos adelantado, pero de todos modos, hemos tenido sitio los 32. Los 30 que nos ha dicho una monja que eran y nosotros... Y no hacemos otra cosa que ver coreanos en este albergue enorme que antaño era un internado. Las monjas encantadoras por cierto.
Mañana... Mañana etapa reina de más de 27 kms. Saldremos con todo. Previsión de nevadas toda la mañana, así que guantes, polainas, térmica, dos capas de abrigo y chubasquero encapuchado que como cortavientos va de lujo. Y cómo no, un par de persignaciones para estar de buenas con los de arriba. Seguimos adelante.
E.







¿Estaba bueno el bocata Raquel? ;)
ResponderEliminar¡Ja, ja, ja, ja! Lo que me he llegado a reír con los coreanos. Si es que lo que no os pase... ¡ja, ja,ja,ja!