Hablar por hablar.
Hoy etapa tranquila de 21 kms también. Grandes espacios abiertos y tiempo para pensar, charlar y disfrutar del campo.
Gracias a Raquel, todo hay que decirlo... Tuvimos la desgracia de coincidir con una pareja de paisanos catalanes. Hemos coincidido con más y hasta ahí perfecto: somos muchos. Pero ésta en concreto cayó en nuestra habitación y nos dio la noche. La mujer habla por los descosidos, da igual el origen del peregrino, que te casca en inglés, francés y lo que haga falta. Hornillos es un pueblo pequeño, y previamente ya estuvimos realizando movimientos evasivos. Nuestras caras al verlos entrar por la habitación no tenían precio. En fin, portazo que va portazo que viene. Voceras que van voceras que vienen. Luces que van y que vienen. Vaya, que el resto de guiris de las literas debían alucinar.
Por la mañana seguimos con las maniobras y desayunamos en la otra punta y salimos raudos a caminar.
¡Maldición! Los muy domingueros no llevan mochilas, son de los que usan el Jacobotrans y remontan palmo a palmo a una velocidad pasmosa... Eso sí, la mujer no para de cascar. Bien, aceleramos el ritmo al límite de lo razonable, pero yo creo que quieren cazarnos y, obviamente, se hace inevitable. Freno en seco y le pido a Raquel mi agua confiando en saludar y dejarlos pasar de largo. Iluso. Somos víctimas frescas para ella. Se enganchan, da igual que aflojemos. Y ahí, Raquel cual paladín salvador (ya hasta las narices del tostón interminable), se pone a hacer un reportaje fotográfico a no se qué, porque no había nada que fotografiar. Pero finalmente funciona. ¡Aleluya! ¡Salvados! Vuelta al Camino. Disfrutamos de paz, de soledad, del viento en nuestra cara, de las orquestas pajariles, de la liebre esquiva...
La jornada concluye en los dominios de Castrojeriz. Ciudad de historia, de castillo altomedieval con bastimentos romanos, de conventos y con fueros de los inicios de la Reconquista.
Raquel sigue brillando. Tiene el día inspirado. Reserva en un mesón donde cae la mejor sopa de ajo de la provincia, morcillas y chorizos de Burgos, estofado de novillo y lechal al horno. Para rematar encarga alojamiento en el albergue que era la casa del cordón, ahí donde dormían reyes y condes primigenios en sus ires y venires por dominios de fronteras frágiles, de caballeros reconquistadores y de labriegos de vida dura e insegura. La meseta se abre mañana en todo su esplendor. Los cuerpos parece que aguantan y el tiempo amenaza nuevamente pero se contiene. Que siga así que esto acaba de comenzar.
E.
Hoy etapa tranquila de 21 kms también. Grandes espacios abiertos y tiempo para pensar, charlar y disfrutar del campo.
Gracias a Raquel, todo hay que decirlo... Tuvimos la desgracia de coincidir con una pareja de paisanos catalanes. Hemos coincidido con más y hasta ahí perfecto: somos muchos. Pero ésta en concreto cayó en nuestra habitación y nos dio la noche. La mujer habla por los descosidos, da igual el origen del peregrino, que te casca en inglés, francés y lo que haga falta. Hornillos es un pueblo pequeño, y previamente ya estuvimos realizando movimientos evasivos. Nuestras caras al verlos entrar por la habitación no tenían precio. En fin, portazo que va portazo que viene. Voceras que van voceras que vienen. Luces que van y que vienen. Vaya, que el resto de guiris de las literas debían alucinar.
Por la mañana seguimos con las maniobras y desayunamos en la otra punta y salimos raudos a caminar.
¡Maldición! Los muy domingueros no llevan mochilas, son de los que usan el Jacobotrans y remontan palmo a palmo a una velocidad pasmosa... Eso sí, la mujer no para de cascar. Bien, aceleramos el ritmo al límite de lo razonable, pero yo creo que quieren cazarnos y, obviamente, se hace inevitable. Freno en seco y le pido a Raquel mi agua confiando en saludar y dejarlos pasar de largo. Iluso. Somos víctimas frescas para ella. Se enganchan, da igual que aflojemos. Y ahí, Raquel cual paladín salvador (ya hasta las narices del tostón interminable), se pone a hacer un reportaje fotográfico a no se qué, porque no había nada que fotografiar. Pero finalmente funciona. ¡Aleluya! ¡Salvados! Vuelta al Camino. Disfrutamos de paz, de soledad, del viento en nuestra cara, de las orquestas pajariles, de la liebre esquiva...
La jornada concluye en los dominios de Castrojeriz. Ciudad de historia, de castillo altomedieval con bastimentos romanos, de conventos y con fueros de los inicios de la Reconquista.
Raquel sigue brillando. Tiene el día inspirado. Reserva en un mesón donde cae la mejor sopa de ajo de la provincia, morcillas y chorizos de Burgos, estofado de novillo y lechal al horno. Para rematar encarga alojamiento en el albergue que era la casa del cordón, ahí donde dormían reyes y condes primigenios en sus ires y venires por dominios de fronteras frágiles, de caballeros reconquistadores y de labriegos de vida dura e insegura. La meseta se abre mañana en todo su esplendor. Los cuerpos parece que aguantan y el tiempo amenaza nuevamente pero se contiene. Que siga así que esto acaba de comenzar.
E.







¡Bonitas fotos!
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