Ya estamos anhelando volver a sentir el polvo del Camino. Tendremos que esperar todo un año para rematar la faena con hitos como la cruz de Ferro u O Cebreiro, que ya aguardan para ofrecernos dura batalla.
Una mezcla de satisfacción y pena recorre nuestro ánimo mientras contemplamos los paisajes andados durante los últimos diez días.
Satisfacción por la misión cumplida, por haber superado los problemas que han endurecido el trayecto: climatológicos y físicos. Ahora podemos decir, sin preocupar a nadie, que inicié la aventura con una contractura en la espalda sobrevenida antes de empezar a caminar y que la terminé con un resfriado que restaba fuerzas. Por cierto, que manía tienen los "nivelungos" con abrir las ventanas por la noche. Raquel también ha superado sus molestias en pies y rodilla. Es una campeona: las últimas etapas terminaba con más fortaleza que al empezarlas.
Pena por dejar este mundo, porque es en realidad otro mundo. Por mucho que expliquemos, sólo el que vive la experiencia peregrina puede saber lo que es. Y creednos, merece la pena. Una de las experiencias digna de ser vivida en una existencia.
Hemos de distinguir al peregrino del turigrino. El peregrino está dispuesto a afrontar las adversidades, sean cuales sean, para lograr su objetivo, pero el turigrino quiere hacerse pasar por peregrino precisamente evitando las adversidades en la medida de lo posible, y desea coleccionar sellos en sus credenciales para poder decir luego lo valiente y heroico que ha sido al volver a casa. El peregrino solo pretende avanzar y avanzar, aguantar y aguantar. El peregrino te sonríe aunque esté destrozado, porque disfruta a pesar del padecimiento.
Podremos detectar diferentes tipologías de turigrinos: los moderados aprovechan atajos y prefieren el asfalto al polvo del camino, los avanzados usan el Jacobotrans para que le lleven el equipaje y el peso de sus mochilas a destino (los hay hasta con maletas gigantes), y los turigrinos profesionales usan hasta el taxi a la mínima de cambio, eso sí, luego comparten albergue henchidos de orgullo sabedores de tener los sellos pertinentes en la credencial. Cuando la cosa se pone dura y se hace la criba, ahí justamente, es cuando más hemos disfrutado: la soledad del camino, los sonidos de la naturaleza animando, y la esperanza de una buena ducha, unas buenas viandas y un buen sitio para descansar. Esa es la verdadera felicidad del peregrino. En definitiva, esto es todo lo que dejamos atrás y todo lo que nos aguarda el año que viene. Con el plus de Santiago. Su catedral. La mariscada de la victoria. El destino está marcado.
Ayer descubrimos cómo de fácil es encontrar almas hermanas en el Camino y el poco tiempo que necesitas. En dos días hicimos amigos que podrían serlo para siempre. Y eso justamente hace más cruel la vuelta al otro mundo, porque los días que habrían venido habrían sido de alta calidad.
Ayer salimos pronto con ellos, una pareja muy maja, canario él y boliviana ella. El amanecer de colores rojizos escondía una jornada libre de nubes y por tanto calurosa. Así pues nos dedicamos a avanzar a buen ritmo. En un momento dado nos quedamos solos y decidimos acabar nuestra particular Odisea solos, como al principio. A pesar del paisaje cambiante donde dejamos atrás los campos de cereales y saludamos a las primeras estribaciones arboladas de la sierra leonesa, el sol empieza a caer a plomo y no nos protegen muchas sombras. No queremos ni imaginarnos lo que puede ser el Camino en agosto. Nos cruzamos con hasta tres lagartos ocelados. Investigo después y parece ser éste su hábitat idóneo. Lo que me asusta es que sus ejemplares grandes casi pueden llegar a un metro, pero estos con dos manos ya los puedes coger... recuerdan un poco a las iguanas. El Bierzo saluda desde no muy lejos. Y el final cómo no, va a ser como un dolor de muelas: sabes que algún día se va a acabar pero se te hace eterno. Como el año pasado en Burgos y su temporal de nieve en la Sierra de Atapuerca, pero al revés, viendo Astorga bajo un sol inclemente. Finalmente llegamos a la antigua Asturica Augusta. Momentos de buen descanso, buen comer y gozar del patrimonio artístico-histórico de otra ciudad muy interesante. Por la noche nos despedimos de la pareja que dejamos por el camino y nos vienen a decir adiós otros 3 peregrinos, dos valencianas y un catalán muy divertidos. Agradecemos de corazón su visita relámpago y nos despedimos con añoranza de todos. Todos ellos empezaron en León y algunos quieren llegar a Santiago, otros Ponferrada. Suerte para ellos.
Henos pues aquí, Raquel y Edu, amigos vuestros, de regreso a casa, volviendo a la realidad. Gracias por habernos acompañado estos días.
Buen Camino.
Ultreia.
E.













¡Muchas felicidades a los dos! :)
ResponderEliminarGracias prima!
EliminarBravo peregrinos!!! Seguro que el viaje (el físico y el espiritual) ha valido la pena! Felicidades a los dos y bienvenidos de vuelta a casa :)!!! (P.D. Estuve en Astorga hace algunos años y es una ciudad muy muy recomendable por su patrimonio histórico y arquitectónico). Un abrazo, Leo.
ResponderEliminarGracias pareja, la verdad es que tanto Astorga, León, como Burgos son ciudades pequeñas pero muy interesantes. Un besazo a los dos.
EliminarRaquel, Edu!!!! MUCHAS FELICIDADES!!!! Sois unos auténticos peregrinos, auténticas almas del camino. Es todo un reto y lo superáis cada año. Gracias por compartir cada día vuestras experiencias. Animaban y nos hacían sentir de alguna manera parte de ellas. Un abrazo. Charlie, Abel, Eli
ResponderEliminarGracias guapos! Es un placer saber que siempre habéis estado ahí siguiendo nuestras experiencias peregrinas.
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