Gracia y una chica de Venecia nos ganan por poco. Somos de los primeros en salir de las literas. Nosotros porque los pies nos obligan a mayor preparación y porque prevemos unos andares más lentos. Estas chicas porque han decidido unir dos etapas en una. Unas campeonas, una maratón en realidad, pero caminando con mochila. Gracia sabemos que lo ha conseguido. Nos ha enviado una foto de la victoria frente a la catedral. Nos dicen que esta chica es deportista y gana copas en su categoría. Ahora todo tiene sentido aunque tenga 60 años.
Nos encontramos con Alejandro en la cafetería de su albergue de enfrente. Ha dormido sólo mientras que nosotros hemos estado con el resto de la tropa. Nos informa de las últimas noticias y nos ponemos en marcha.
Agradecemos que nos acompañe y amenice el arranque de la jornada. Al poco, ya metidos en senderos, aparecen a toda máquina nuestras queridas chinas de Barcelona. También nos esperan, les cuesta, sobretodo a Alana, pero Alejandro apela a sus creencias en Dios para que no se distancien, y a fe que lo consigue. Es un fenómeno este hombre.
La mitad del camino lo hacemos acompañados. El dolor de pies se olvida cuando distraes la cabeza y al igual que ayer el primer tramo lo hacemos sin casi darnos cuenta. Lo bueno es que hoy son 20 km frente a los 30 de ayer. Dejamos que sigan su camino las chicas y que Alejandro pare para almorzar algo. Nos separamos y tras nuestra parada de recuperación afrontamos el final. Mientras almorzamos, disperso, todo el grupo nos ha ido dando alcance. Nos saludamos en la distancia y nos animamos... el último es Sebas, va fastidiado, tiene un tobillo que se ha declarado en rebeldía y cojea ostensiblemente.
Avanzamos y avanzamos, entre hórreos, huertos, pinares y plantaciones de eucaliptos, más ovejas, más vacas, gallos cantarines que parecen haber salido de copas la noche anterior porque no son horas... y cómo no, la nutrida población de cuervos que llevan graznando por muchas partes de Galicia al menos desde hace dos días. Bromeamos: deben oler a los moribundos.
A falta de 3 kms nos da alcance Alejandro. Se acaba de zampar la mejor tortilla del camino. No para de comer, pero tiene uno de esos físicos privilegiados que queman todo lo que le metes. Tiene a bien acompañarnos hasta el albergue. Ya queda poco y el compañerismo no es negociable. Luego a Sebas le regalamos vendas compresivas para tobillo y rodilla que también le ha salido cantarina. Nos cuentan la historia de un peregrino al que días atrás le robaron las botas. Iba a subir a O Cebreiro igualmente con chanclas, pero un peregrino lesionado que acababa ahí el Camino, antes de subirse al taxi, al conocer su historia le regaló sus botas, mismo número y misma marca, un milagro. Lo que el Camino te quita, el Camino te lo da. A Raquel el Camino le quitó el dolor de rodillas, ahora le ha dado el de pies, qué cosas...
Comemos juntos con "fray" Angelico, un calabrés peculiar que parece competir con Alejandro en todo: que si Italia tiene más estrellas Michelín, que si los mundiales de fútbol, que si bla, bla, bla... no hay nada como la gracia de un andaluz para contrarrestar cualquier intento de conquista moral italiana. Tras las risas pasamos la sobremesa con Vicente y Efraín. Estamos más profundos, hablamos de nuestras motivaciones para hacer el Camino, y es que esto ya toca a su fin.
Sentimientos agridulces. Alegría inmensa por ver el éxito a la vuelta de la esquina. Pena inmensa por ver finalizar esta aventura... De todos modos, como dijo nuestra querida Montse, peregrina con mayúsculas del primer año: Santiago no es el final del Camino, tan sólo es el principio.
E.







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